Prueba
Continuando en la línea de reestructuración de la Congregación, a principios del mes de junio en Playa Pascual, Uruguay, hemos tenido el primer encuentro entre las comisiones oblatas de Paraguay y Uruguay, tratando de profundizar un diálogo fraterno de conocimiento mutuo en vista de una eventual unificación. Durante estos últimos años, hemos compartido entre nuestras entidades varias actividades juntos, encuentros de consejos, intercambio de personal, predicación de retiros, misiones, encuentros de Oblatos jóvenes, de laicos asociados, etc. Se nos propuso formar una comisión de 2 o 3 miembros por cada entidad para así averiguar lo que hay en común. En este primer encuentro estaban presentes Guido ACOSTA, Aníbal CASURIAGA y Roger BULAMBA por Paraguay y por Uruguay Antonio BUONANNO y Jorge ALBERGATI.
Lo primero a destacar fue el clima que se formó de sinceridad, libertad y también tuvo los momentos de risas y bromas. En esta primera etapa, queremos conocernos más. Para ello hemos elaborado un escrito donde analizamos si hay entendimiento común sobre temas fundamentales como formación, misión, economía y comunidad. El paso a seguir será soñar juntos. Esta es la “clave” del proceso hacia un mayor diálogo. En la medida en que nos carguemos de razones y motivos, caminaremos seguros e ilusionados hacia lo que nos pide la Congregación. Estos motivos nos ayudarán a “pasar de la necesidad a la oportunidad”.
Lo que no estaba previsto eran las cenizas del volcán Puyehue que nos hicieron retrasar el encuentro un día, ya que cerró el aeropuerto, y también alargar dos días donde se aprovechó para visitar “La Guadalupita”, nuestra casa de formación, las casas oblatas del sur y participar de diferentes celebraciones Eucarísticas en nuestros barrios.
"Ah… se llenó la casa otra vez…" Esa era la expresión que usaba mi madre cuando, por una razón u otra, su casa donde últimamente vivía sola, se llenaba de personas o parientes en ocasión de su cumpleaños, de una fiesta o porque venían a encontrarme mis amigos cuando yo volvía de vacaciones a Italia.
Esa expresión me volvió a la mente y al corazón cuando inició nuevamente la experiencia de casa de discernimiento en nuestro Uruguay. Los tres jóvenes llegaron y en pocas horas, voces, risas, maletas, paquetes y músicas varias llenaron las paredes de la casa. Se los escuchaba charlar entre ellos para ponerse de acuerdo sobre cómo organizar la pieza, sobre cuál era la cama de cada uno, aceptar con humor también las dificultades del poco espacio para quien hasta hace unas horas antes tenía a su disposición una pieza entera… Me parecía volver a escuchar la experiencia de los primeros oblatos en aquel lejano 25 de enero del 1816, sus risas y alegría de estar juntos…Ya con p. Marcos hace algunas semanas estábamos viviendo juntos en la casa, que en estos años ha sido el lugar donde dos de nosotros oblatos, volvíamos simplemente para dormir por las noches o pasando en breves momentos del día. Para nosotros acá en Uruguay la experiencia de casa vocacional, de lugar donde a través de la experiencia comunitaria se puede hacer un proceso de discernimiento, no es algo constante. Nuestra sociedad secularizada no alienta al discernimiento vocacional… pero al mismo tiempo este clima ayuda para un discernimiento previo de las motivaciones de quien inicia este camino de vida comunitaria.
Fernando, Aníbal y Agustin son los tres jóvenes que este año iniciaron este camino. Junto con p. Marcos (responsable de la casa) y conmigo buscaremos estar atentos y discernir lo que Dios quiere decir al corazón de estos jóvenes, ayudarlos a que se haga realidad la frase de Eugenio que ellos mismos eligieron: “Sean velas encendidas y no mechas humeantes”.
Este año, más allá de la fiesta de la fundación de nuestra Congregacion, coincidió con la renovación de los votos de nuestros dos escolásticos: Hector y Alberto.
Una fiesta sencilla y llena de significado.



















