Prueba

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(Les comparto brevemente lo que escribí el 6 de junio de 2009, hace poco mas de dos años.
Lencho: ¡te extrañamos!
)

Muy queridos todos:

Me tomo un tiempo de deber para el placer, para saludarles por escrito, como tanto he disfrutado hacer desde hace varios años - que también comunicar es deber. El tiempo ha sido prudencial - el imprudente he sido yo. Lamento mucho que el silencio haya sido tan largo. Les saludo con alegría y nostalgia desde Playa Grande, la cabecera del Municipio de Ixcán, en el Departamento de Quiché, Guatemala; también Playa Grande es la sede de nuestra parroquia, Cristo Redentor.

El lunes 18 de mayo salí con Juan Venne, director de la Casa Vocacional de los OMI aquí en Playa Grande, rumbo a Cobán. Salimos alrededor de las 6:00. Estando en Cobán hicimos algunas diligencias y compras - algunas de las cuales tenían que ver con víveres para los Oblatos de Guatemala, con quienes nos reuniríamos en Playa Grande a partir de esa tarde-noche. Durante el almuerzo llamé a Jean Claude (47), que me dijo que no venían todos los oblatos, sino solo cinco: Rodrigo (+-77), Kapustka (73), Rubén (73), Lorenzo (74 hacía dos días) y el mismo Jean Claude. Me dijo que salían de Cobán en ese momento - y yo, almorzando en Cobán, me dí cuenta que saldría y llegaría una hora después que ellos.

Llegamos al área protegida de la Laguna Lachuá alrededor de las 18:30hs. Ví un carro de la policía y varias motos en un lugar, y aunque me llamó la atención ver muchas motos juntas (tal vez cinco), no le presté demasiada atención y seguimos de largo. Unos minutos más adelantes detuve el carro (sí, aquí se llaman CARRO) en el puesto de inspección sanitaria. Me bajé para la inspección y el fulano me sorprendió diciendo: "Padre, córrale al hospital, acaba de pasar el bus con los padres... llevan un herido". En ese momento me subí al carro y le grité a Juan (¡pobre Juan!) que se subiera, que era urgente salir. Recibí una llamada (benditos celulares... que esa noche más que nunca los hemos usado): era José Manuel, el Párroco.

"Asaltaron a los padres, mataron a Lorenzo, Jean Claude está herido, ¡vámonos al hospital!"

Me fui a toda - a 60, que es a todo lo que se puede ir en estos caminos - al hospital, que estaba a 2 min. Llegué 2 min. antes que José Manuel y el resto.

A la entrada del hospital me encontré a Kapustka, de pie detrás del bus de los oblatos (cuando escribo BUS léase VAN). Pero no era el Kapustka de siempre: parecía flaco (aunque no lo es), con cara de tonto (no lo es), y tenía una gran mancha de sangre en la barriga, en su normalmente inmaculada guayabera. Estaba sereno - y alterado a la vez. Le saludé y pregunté qué pasó, y me dijo con alterada serenidad: "Nos asaltaron, mataron a Lorenzo y JC está herido. Subimos al bus de nuevo y Rodrigo nos trajo al hospital."

Noté que el cuerpo de Lorenzo estaba en el bus, cubierto por alguna manta. Saludé un poco a Rubén y a Rodrigo, y entré al hospital para ver a JC: parecía dormido, o por lo menos intentaba descansar y no lo molesté. De inmediato me informé: sus heridas no eran de gravedad, no atravesaron órgano vital ni rosaron hueso, y estaba estable.

Llegó José Manuel con Carlos (un ex-oblato que se reintegra a nuestras filas), yo llamé a Félix y a Cruz, que estaban en camino, para decirles, sin decirles, que vinieran al hospital y no al pueblo.

Total, que en poco tiempo estábamos ahí todos. Confundidos, tristes, indignados, y tomando decisiones. De inmediato me dí cuenta que uno tendría que ir con Jean Claude (y tomar decisiones), y otro tendría que quedarse en Playa - y tomar muchas más decisiones, y lidiar con los policías, los médicos, y el MP. No había mucho de donde: los viejos no estaban para tomar decisiones, y los jóvenes... pos al ver que Cruz y Félix eran fuereños, solo estábamos José Manuel y yo. Decidimos que JM se quedara en PG y que yo viajara a Cobán con JC. Me fui con tres policías en su carro policial y un Jean Claude aturdido e incómodo - aturdido pero conciente (sí se puede). En el camino, muy cerca del lugar del ataque, ví un cocodrilo - lo menciono porque me impactó mucho: siempre los estoy buscando y nunca los había visto, y esta noche triste, sin buscarlo, se nos atravesó en la carretera.

Durante el camino a Cobán recibí muchísimas llamadas telefónicas - tantas que eventualmente la pila del celular dió todo de sí. Llegamos al hospital nacional en Cobán, donde ya nos esperaban. Jean Claude llegó bien, aunque con alta presión: en el fondo yo tenía las misiones de acompañar a Jean Claude, eventualmente llevarlo a la capital, y arreglar con la embajada de los EUA el tema de Lorenzo. Los Oblatos tenemos como tradición sepultar a los hermanos en el país donde murieron.

Hay que decir que Jean Claude es un hombre de relaciones, y seguramente en el año y medio que lleva en Guatemala, conoce más gente "importante" que todos los demás oblatos juntos. Para la noche Lorenzo, Jean Claude y los oblatos ya éramos noticia nacional (no se cuántas veces oí esos días "te ví en la tele, saliste en la tele, usted sale en las noticias, ¿no nos conocemos?). LONG STORY SHORT, a Jean Claude lo estabilizaron en Cobán y, aunque le ofrecieron transporte aereo (militar) a la Capital, conseguí una ambulancia de los bomberos voluntarios para ir por tierra - dado que no estaba muriendo - y decidimos usar la oferta de la avioneta para llevar el cuerpo de Lorenzo y a los padres oblatos mayores a la capital.

Dicen que aquí en Playa hubo dos Misas para Lorenzo - llenísimas. Hay gente que dice que no sabía que en Playa hubiera tantos carros: muchísima gente. Y me la perdí, porque yo sí soy de los que necesita abrazo y apapacho. Y es que Lorenzo estuvo aquí de 1993 a 2000. Posiblemente era la primera vez que trabajaba con indígenas de manera formal. Seguramente era la primera vez que trabajaba en una parroquia muchos años. Fueron años difíciles, años de guerra, de procesos de paz, años de linchamientos... y aquí estuvo el buen Lencho.

Al llegar al Hospital de Cobán yo fuí sorprendido por Cecilia Beb, hija de Juan Beb, catequista de nuestra parroquia. Yo sabía que Cecilia estaba en el Cobán cuidando a su esposo que tenía accidente de moto. Cecilia se me acercó llorando y me abrazó como si Lorenzo fuera su papá - o mi papá. Yo la abrazaba, y también veía a la gente que nos veía con cara de "qué hace esta cobanera abrazando al gringo como si fueran familia" - y claro, poco sabían que sí, que somos familia, y que ese abrazo lo necesitábamos harto - tanto ella como yo. Seguramente tendría muchas memorias de Lorenzo cuando estuvo en Ixcán.

Los periodistas, en general, fueron buena onda. Tenía, además, la buena suerte de haber conocido a uno hacía meses en Ixcán. Él fue verdaderamente bueno, porque cubrió la nota - pero muy discreto. Además se puso a mis órdenes, y me ayudó a conseguir la ambulancia. Todavía le debo las gracias.

También el personal clínico del hospital fue muy amable. Es un hospital nacional como ustedes podrán imaginarse - o tal vez no. El caso es que me consiguieron una camilla y una mantita, y ahí, en emergencia, dormí junto a Jean Claude. Me ví tentado a desconectarle el monitor, pero resistí.

A todo esto, Jean Claude siempre cansadón, pero siempre de buen humor. Algunos periodistas se le acercaban y querían preguntarle cosas. No entiendo cómo los médicos les dejaban pasar... yo les pedí que no fueran gachos, y que al menos me dieran chance de preguntarle al padre si quería que lo entrevistaran. Y él dijo que sí... y estuvo muy chistoso. Mire usted:

"Padre: ¿cómo se llama?"
"Jean Claude Ngoma"
"Padre Llangló: ¿cómo se escribe padre?
"Se escribe P-A-D-R-E".
(y se quedaron viendo unos a otros, medio frustrados, con esa cara de: "este negro ya nos chingó y estamos al aire").

Martes 19
Algunos periodistas me cabrearon por celular - y también algunos del club de fans del padre Jean Claude. No los culpo - sobre todo a los segundos. Y creo haber sido amable con todos. Hubo un caso, sin embargo, el de Radio Universidad... habiendo llegado a la capital, me llamó - uno se pregunta cómo consiguen los números. Le pedí que me llamara en diez minutos. Volvió a llamarme, y le pedí paciencia de diez. A los diez - o menos, me dice el bombero voluntario que manejaba la ambulancia a la capital: "Padre, es para usted". Era el fulanito de Radio U, que me pregunta qué pasó.

Cabreado y falto de paciencia, en tono policíaco (se me da bastante bien - tal vez por aquello del Temístocles) le dí breve descripción de los acontecimientos. Acto seguido, Fulanovich me pregunta: "¿qué pide usted, qué exige usted a nuestras autoridades?". Yo me sentía hostigado, acosado... como que sentía que había contestado las mismas preguntas treinta veces - aunque tal vez solo fueron seis - le respondí de inmediato y sin pensarlo: "lo mismo que usted". Como que no se la esperaba... se le trabó la lengua... y me dijo gracias y se acabó.

Esa tarde un amigo de Jean Claude me llevó a la casa y me pidió que me bañara y me acostara. Yo me bañé y me fuí a la parroquia. Como que ya me había perdido el funeral de Lorenzo en Ixcán, y no me iba a perder el de Guate. Así que llegué a la iglesia... llenísima. Me encontré con mucha gente conocida, algunos de mucho tiempo sin vernos. Lo interesante es que nos encontramos con mucha gente para nosotros desconocida - era la gente de Lorenzo. Los misioneros y misioneras de la Caridad, la gente del Asilo de niños con VIH, gente del hospital general, gente de su grupo de REIKI... en fin, todo eso llenísimo.

Hasta el Cardenal, con quien hemos tenido momentos difíciles últimamente, se hizo presente (bueno, claro, porque si no va, creo que la prensa y la comidilla popular se lo devoran - otra vez).

Hicimos la Misa esa noche de martes. Había quién para presidir, pero no para predicar, así que me tocó. La verdad es que yo me siento muy cercano a Lorenzo. Siempre me he sentido así, y casi con seguridad podría decir que me siento más cercano a él que cualquiera de los demás oblatos de la Provincia.

Al día siguiente tuvimos la Misa del último adiós, presidida por el Obispo de Quiché. Nos acompañó también el Nuncio Apostólico y el Obispo de Jalapa, que fue muchos años obispo en Quiché y con quien los oblatos trabajaron por muchos años. La homilía la hizo Vicente Louwagie - y creo que ha sido de las mejores homilías que he oído en mi vida. Hay de verdad muchísimas cosas que decir de Lorenzo - y muchas que son muy personales. Lo cierto es que Lorenzo, un hombre tímido, reservado y simpático, de ojos grandes y de un azul brillante, de tipo atlético, muy auténtico y valiente, es un hombre a quien he admirado durante muchos años, y me siento muy bendicido no solo por haberle llamado hermano, sino sobre todo AMIGO.

No pude escribir los versos mas tristes esa noche. Estos que escribo no son tampoco los más alegres, ni los más auténticos. Podrían ser, eso sí, los más esperados, los más necesarios y los terapéuticos para este momento.

Agradezco profundamente sus oraciones y sus saludos. Y si quieren que les preste un santo, encomiéndense a Lorenzo Rosebaugh, que además de contemplativo, preso por predicar la paz y hombre de gran compasión, ES MI AMIGO.

Gran abrazo, con todo cariño.
Hipolito Olea Tinoco OMI

El otro día pude escuchar una meditación de P. Ricardo Falla, jesuita, sobre el martirio. P. Ricardo ha sido testigo directo de los mártires de Guatemala, ha escrito libros, entrevistado sobrevivientes. Él mismo acompañó Comunidades de Resistencia durante el conflicto interno de Guatemala, una guerra que duró de 1960 hasta 1996, que era dirigida por la CIA y en la que había presencia de soldados e instructores americanos.

Las Comunidades de Resistencia fueron aquellas comunidades, especialmente en Ixcán, que intentaron salvarse huyendo en la selva, algunas de las cuales P. Ricardo acompañó.

Durante la meditación P. Ricardo comparó el martirio en Guatemala con el martirio de Jesús que toda su vida huyó para salvarse hasta que un día decidió no huir más. En pocas palabras, el martirio es una decisión como la que tomaron varios catequistas y animadores de comunidad de Guatemala durante el conflicto.

Esa universalización me sugirió que también en las dificultades o en los conflictos que se pueden dar allí donde vivimos o trabajamos, la primera actitud, desde Jesús, no es la de ceder, sino de resistir hasta que “alguien que viene de Dios” no te sugiera tomar la decisión del “martirio”.

Siguiendo la meditación sobre el martirio, nos contó de una aldea que fue exterminada por el ejército, menos un hombre que logró salvarse y que luego se volvió testigo de la masacre. El testigo pudo ver como mataran a los hombres, mataran y violaran a las mujeres y mataran también a los niños, algunos destripándolos y reventándolos en la roca. Si buscamos en la Palabra de Dios, el salomo 137 (136), hace eco a esa costumbre de ejércitos e imperios: “¡Ciudad de Babilonia, la devastadora, feliz el que te devuelva el mal que nos hiciste! ¡Feliz el que tome a tus hijos y los estrelle contra las rocas!” (Sal 137(136), 8-9).

P. Ricardo se preguntaba ¿Por qué mataron a los niños? ¿Por qué ese empecinamiento?

Él sugería que uno de los motivos de su crueldad hubiera podido ser: para que mueran en seguida con menos sufrimiento, pero concluía diciendo que los mataron porque los niños son la “semilla” de un pueblo, son el futuro. Ellos querían eliminar a los Maya desde sus raíces. Eso es genocidio. Por consiguiente era “necesario” violar a las madres que son las que generan vida y los padres que son generosos con sus abrazos hacia los niños, “semilla” del futuro.

Cuando el faraón quiso exterminar al pueblo judío, dio la orden de exterminar a los niños, pero también allí hubo un sobreviviente: Moisés, que se convirtió en el liberador de su pueblo.

Eso, dice la historia, no es un caso aislado, sino que se ha repetido en varias culturas, en varios imperios, antiguos y moderno: ¡maten a los niños para exterminar de una vez a ese pueblo que piensa y vive distinto!

Cuando Herodes se entera de lo de Jesús, organiza otro exterminio de niños: la matanza de los Santos Inocentes. Un exegeta muy conocido, por eso no lo nombro, dice que ese exterminio fue de dos o tres niños, nada más. Pero a la luz de la historia, a la luz de lo que ha pasado y pasa con los grandes Imperios que se vuelven crueles cuando tienen miedo, me parece que también la matanza de los Santos Inocentes fue multitudinaria. También allí hubo un sobreviviente, el mismo Jesús que fue la “semilla” de un pueblo nuevo.

En una película de Valerio Zurlini que cuenta la historia de un Jesús negro perseguido por los colonizadores blancos, Jesús, naturalmente, muere. Parece que nadie se entera del hecho, pero de repente aparece un testigo, es un niño que, cuando se ve descubierto, escapa. Los soldados intentan matarlo, pero el niño, con su vestido blanco, no es alcanzado por las balas. La libertad lo espera.

P. Pippo Mammana

Ixcán es una región del Quiché (Guatemala) que linda al norte con México y al oeste con Huehuetenango. El terreno es alrededor de los 200 metros sobre el nivel del mar, por lo cual predomina el clima sub-tropical. Hace calor casi todo el año. Hasta hace 50 años era selva perenemente verde, con una gran variedad de animales, vegetales y frutas tropicales, menos el mango, porque la lluvia hace caer sus flores. Ahora está poblada de numerosas aldeas.

En los años 60-70 los Maya de las montañas, que tenían tierras pobres, empezaron a colonizar la región. Pero casi contemporáneamente comenzó un conflicto entre el ejército y la guerrilla, una guerra provocada, organizada y armada por los imperios capitalista y comunista del tiempo que enredó, entre otros, a los países de Centro América.

Ixcán cayó en esa tenaza diabólica. La presencia guerrillera fue perseguida por el ejercito que no tuvo pena en arrasar, destruir y masacrar a todo sospechoso, fuera o no inocente. Mons. Gerardi en su “Proyecto de Reconstrucción de la Memoria Histórica, Guatemala nunca más” recogió muchos informes sobre las masivas masacres de esos años.

Los Oblatos llegaron en Guatemala en 1988 en la diócesis mártir de Guatemala, el Quiché y en 1993 se hicieron cargo de la parroquia de Ixcán-Playa Grande que comprende 130 aldeas.

En este momento son 4 los Oblatos que atienden esa inmensa parroquia, uno de los cuales, P. Santiago Coc, es del grupo Maya Queqchí.

Allí con los Novicios vamos todos los años para una experiencia misionera. Cada vez se visitan zonas distintas. Este año estuvimos en las aldeas de Santiago Ixcán, Kaibil Balám y Santo Tomás.

¿Qué se puede hacer en una semana?

Abrir los ojos sobre la realidad, acompañar a las comunidades en sus celebraciones, escuchar sus historias, sus sueños, sus esperanzas, compartir con los jóvenes inquietudes y anhelos, jugar con los niños, visitar a las familias.

El verde nos rodea permanentemente y todas las fotos que sacas, salen lindas y con buenos colores, pero muchas veces no dan buen testimonio de la verdad y las que sacamos nosotros tienen el mismo defecto. Es difícil hacer la foto a la escucha, a la sorpresa, a la contemplación del sufrimiento, a la alegría compartida.

Las familias que viven aquí habían venido a buscar tierra y un mejor vivir, pero se encontraron con un conflicto que quitó la vida a muchos, especialmente catequistas y animadores.

Cuando, a comienzo de los años 80, la persecución se hizo más violenta, muchos se refugiaron en México por seis-siete años. A su retorno recomenzaron la reconstrucción de sus comunidades.

Tomás y Petrona habían venido a Ixcán a fines de los años 70. Su lengua es Maya-Mam. Su origen es Huehuetenango, en el departamento vecino. Cuando llegaron, les pareció haber encontrado la “tierra prometida”, donde no se necesitaba fertilizante para que la siembra del maíz diera frutos abundantes y buenos. Aquí hay agua y calor y llueve mucho.

Conquistar esta tierra no fue fácil. Había que adaptar la selva al cultivo del maíz y de los frijoles que son la base de la alimentación guatemalteca. Luego había que hacer espacios para los animales domésticos y las casas, construir los caminos y buscar cultivos de productos para tener algo de ganancia. Uno de esos cultivos es el cardamomo del cual Guatemala se ha vuelto el primer productor del mundo. Una de las cosas que quisieron construir en seguida fueron las capillas para poder celebrar su fe y para pedir que los sacerdotes administraran los sacramentos.

Tomás y Petrona encontraron aquí una linda comunidad católica, cada tanto el sacerdote venía para la Misa, los bautismos y los matrimonios, al mismo tiempo ellos, los laicos, como en todas las comunidades de Guatemala, se preparaban para ser animadores, catequistas, celebradores de la Palabra, ministros extraordinarios de la Eucaristía, operadores sociales. Es bueno recordar que aquí las conclusiones del Concilio Vaticano II tuvieron mucha repercusión y que la Acción Católica había hecho un muy buen trabajo de formación de líderes católicos que sabían integrar su fe con la dimensión social y humana.

Todo “marchaba entre rieles” hasta que el ejército comenzó a buscar guerrilleros por todas partes. En la lucha entre los dos adversarios armados, las comunidades católicas fueron las principales víctimas. Su compromiso, su vida comunitaria, su fe viva irritó al ejército que comenzó a perseguir a las comunidades y a sus animadores. Tomás y Petrona tuvieron que refugiarse en México. Con ellos muchos abandonaron todo: casa, terreno, herramientas, vestidos… ¡todo!

Escaparon a pie, a través de las montañas. Durante el viaje el papá de Tomás falleció y tuvieron que sepultarlo rápidamente, sin poder celebrar el tradicional novenario.

Mientras tanto el ejército destruía enteras aldeas: Kaibil Balám y Santo Tomás. Una comunidad que estaba reunida en la Iglesia para rezar fue masacrada. Se mataban indistintamente a niños, mujeres y ancianos. 4 catequistas de la comunidad Santiago Ixcán fueron martirizados porque de la Acción Católica.

A otro vecino, Don Miguel, lo pusieron preso. Después de ocho días de interrogatorios y torturas, el comandante se apiadó de él, vio que era inocente y le permitió volver a su casa, pero también allí el ejército estaba persiguiendo a la gente. Don Miguel logró escapar y también se refugió en México.

Como Don Miguel como Tomás y Petrona, muchos otros habían llegado de distintas regiones del país, de culturas y lenguas Maya diferentes: Mam, Poqomchí, Ixil, Quiché, Qekchí, Keqchiquél … todos buscando tierra fértil, todos eran católicos y cristianos comprometidos.

Después de algunos años de exilio, muchos, aunque no todos, volvieron. El ejército había impuesto las sectas protestantes en muchas aldeas y los católicos se encontraron rodeados por iglesias de todo tipo. Pero no se desanimaron, se organizaron, aprendieron a cantar ritmos más modernos y tocar instrumentos eléctricos y dieron a su fe un toque de alegría.

Tomás, ahora, anima el coro de su comunidad y todavía sueña con el ejército que lo persigue, Don Miguel no olvida el miedo y las torturas, pero su dolor y el dolor de todo un pueblo ha logrado crear comunidades interculturales que han sabido superar las diferencias y las distintas tradiciones. En esta zona las vocaciones Oblatas son una decena, fruto creo, del compromiso de los nuestros que acompañan, visitan, sirven sobretodo con las celebraciones, la formación y la organización.

Es inútil decir que la semana vuela rapidísimamente entre las visitas a las comunidades y a las familias particularmente donde hay enfermos a los cuales se les lleva siempre la Triple (Confesión-Comunión-Unción), las reuniones con los jóvenes, los juegos con los niños y los saludos a las familias del escolástico Esteban, de novicio Adonías, del pre-novicio Otoniel.

Es parte de un Noviciado: escuchar, contemplar a Dios en el pueblo, aprender de su sufrimiento. Ayudar a no olvidar el pasado para que ayude al futuro a ser mejor.

P. Pippo Mammana


Los padres y la hermanita del prenovicio Otoniel


Ministros de los enfermos


El cardamomo

La capilla de Kaibil Balám


Santiago Ixcán, uno dei villaggi visitati


c. Visitiamo le famiglie della comunitá


La oración de la mañana


Jugando con los niños de la comunidad

Es enero: los mangos, todavía en flor, darán sus primeros frutos durante la Semana Santa. Es el tiempo de sembrar frijoles y maíz. Estamos en Los Pajales, donde hablan Maya-Achi, un pueblo a 10 km de Belejú (la parroquia oblata de Chicamán-Quiché), donde los novicios del Noviciado latinoamericano en Guatemala están pasando tres meses este año para vivir una experiencia misionera.

En Belejú, a una altitud de 2.000 metros, hace frio y no hay agua; a cambio, hay electricidad. Por el contrario, Los Pajales están a 1.000 metros y el tiempo es más templado; hay agua en todas las casas, pero no hay electricidad y las telecomunicaciones son casi imposibles porque el pueblo está rodeado por altas montañas. Un afluente del Chixoy (el rio que alimenta el embalse hidroeléctrico, a dos horas de aquí a pie) hace posible el regadío de los huertos familiares.

Además de mangos, existe gran abundancia de árboles tropicales: bananos, cocoteros, ananás, papayos y chirimoyos. Viven 200 familias, con 400 niños en las escuelas primaria y secundaria. Viven a los dos lados del rio, conectados por un puente colgante. Se produce electricidad por medio de paneles solares y generadores de gasolina.

Estaremos cinco días, acampados en la iglesia y durmiendo en los bancos. Visitaremos a las familias y organizaremos actividades para los niños y los jóvenes; celebraremos la misa y administraremos los tres sacramentos (confesión, comunión y unción de enfermos). Al final de cada día, se proyectará una película, deseada por los jóvenes y por los mayores. Ya se sabe: donde hay novicios, hay también cine.


El 25 de enero, estamos inmersos de lleno en la actividad misionera. Nos levantamos a las 6:30 para bañarnos en el rio, y la misa a las 7:00 a la sombra de los árboles coral que hay cerca de la iglesia. Rezamos por toda la congregación, por el nuevo Consejo general y por las vocaciones, rodeados de los niños que a las 8:00 tienen que irse a la escuela cercana.

Por la tarde, tenemos la tan esperada película de cine. Hay tantos espectadores, que decidimos proyectarla fuera. A las 18:30, ya es de noche. No hay asientos suficientes. La gente se sienta en el suelo y podemos comenzar.

Si uno separa los ojos de la pantalla, la mirada se fija irremediablemente en el espectáculo de las estrellas. La estrella de san Eugenio, esta noche, 25 de enero, el aniversario de la Congregación, brilla de una forma especial… ¡y sonríe! (P. Pippo MAMMANA y el Noviciado de Guatemala 2010-2011).

Apenitas terminamos de festejar a los nuevos 7 Oblatos de la Región:

Celso Osorio de Guatemala, Jorge Navarro de Cuba, Luis Luján de Argentina, Alberto Sartorio de Uruguay, Aurelio Ayala de Paraguay, Jhon Theram de Colombia y Eufemio Dimas de Cuba.

La celebración fue presidida por P. Erasmo Vasquez, Superior de la Delegación de Guatemala.

Estaba presente P. Daniel Diaz, Superior de la Misión de Cuba, P. José Manuel Santiaqgo, nuevo Superior de la Delegación de Guatemala, P. Pippo Mammana, maestro de los novicios y otros Oblatos.

A continuacion, algunas fotografias:









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